PALOMAS MENSAJERAS MEXICO

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miércoles, 19 de septiembre de 2012



16. LA CONSAGUINIDAD DE LAS PALOMAS

La consanguinidad es considerada por numerosos colombófilos como una enfermedad vergonzosa, verdaderamente mal definida, pero que sirve a menudo para explicar o justificar los numerosos problemas o fracasos encontrados en la crianza de la paloma.

Yo creo que es útil desmitificar esta noción, frecuentemente muy mal comprendida y confundida con otras cosas.

RECUERDO DE GENÉTICA

En el sentido genético de la palabra, la consanguinidad expresa simplemente un parentesco más o menos próximo en uno o varios individuos, y se dirá que son tanto más consanguíneos cuanto que su parentesco es más próximo.

Existen métodos clásicos de crianza y de selección dentro de todas las especies llamadas a efectuar esta técnica, consistente en cruzar, durante un cierto número de generaciones sucesivas: hermanos con hermanas, padres e hijas, madres con hijos. La consanguinidad se encuentra en la base de la creación, de la estandardización y de la mejora de todas las razas animales. Examinemos las ventajas y los inconvenientes que pueden acarrear. Se sabe que todos los caracteres morfológicos (colores, forma, etc.) o fisiológicos (prolifericidad, aptitud a cebar las crías, calma, etc.) son gobernados por genes o unidades hereditarias, localizados sobre los cromosomas; cada carácter puede ser regido por uno o por varios genes. Por ejemplo, el color de la paloma jacobina plateada es debido a la conjunción de varios genes:

COLOR: AZUL.
FACTOR DE: DILUCIÓN.
PATRÓN: BARREADO.

Cada célula, a excepción de las células sexuales (óvulo o espermatozoide), es portadora de los cromosomas iguales, y hace que cada gen exista doble en todas las células, salvo en los portados por los cromosomas sexuales en las hembras de los pájaros, pues éstas únicamente poseen un solo cromosoma sexual en lugar de dos, como es el caso del macho.

Así que los genes, condicionando un carácter dado, ocupan siempre la misma posición sobre el cromosoma, pero su naturaleza, es decir, su expresión, puede ser diferente: en efecto, ellos pueden, siguiendo su manifestación, ser dominantes y entonces se les atribuirá una letra simbólica mayúscula, como pueden ser recesivos y entonces no tendrán derecho más que a una letra minúscula; el término "recesivo" significa simplemente dominado.

Un ejemplo simple permitirá comprender mejor: la mayoría de criadores conocen las palomas moñudas, en las cuales un penacho de plumas enderezadas detrás de la cabeza suele dar a veces unos efectos muy graciosos. Pues bien, ese carácter es gobernado por un solo gen; así que es un carácter monofactorial. Los americanos, que han sido los primeros en estudiar los problemas hereditarios, le han denominado "crest" (traducción inglesa de la palabra "moño") (MAS BIEN YO, LE LLAMARIA COPETE, PORQUE MOÑO DA LA IMPRESION DE REFERIRSE A CORBATA, TAMBIEN UN FACTOR RECESIVO. M.J.) y han demostrado que estaba ligado a la presencia de un gen recesivo que han simbolizado por "cr". Todas las palomas moñudas tienen, pues, dos ejemplares de ese gen "cr"; ese gen recesivo tiene un correspondiente dominante, es decir, "Cr", que significa simplemente ausencia de moño, y que si existiese sobre uno de los cromosomas, en lugar de un "cr" sería dominante e impediría la expresión del otro "cr" y al mismo tiempo del moño. Se diría que nuestra paloma moñuda tiene como fórmula genética cr-cr; al contrario, y se comprende enseguida, una paloma de aspecto normal, sin moño, puede tener dos fórmulas distintas: sea Cr-Cr y se dirá que es homocigota dominante; sea Cr-cr y entonces será calificada de heterocigota. Toda paloma moñuda es naturalmente homocigota recesiva cr-cr. El término homocigoto significa que los dos genes concerniendo un mismo carácter son idénticos, mientras que el término heterocigoto significa que los dos genes concerniendo un mismo carácter son diferentes.

Tengo actualmente en mi criadero un joven Schietti plateado bayo con moño, por tanto no poseo ninguna paloma moñuda. Eso significa que los padres de ese joven son los dos portadores del factor moño, es decir, que son heterocigotos por ese factor (fórmula Cr-cr).

Después de este breve e indispensable recuerdo ya asimilado, volvamos de nuevo a nuestra consanguinidad. Lo mismo que el moño, otros numerosos caracteres recesivos pueden así ser portados por individuos que no lo manifiestan (los heterocigotos recesivos), en particular los caracteres desfavorables, que si llegan a manifestarse, provocan anomalías morfológicas o fisiológicas, acarreando la muerte del embrión en un tiempo bastante corto; esos caracteres son llamados letales si el embrión muere antes de nacer, o subletales si la cría sobrevive varios días.

Si por azar, pues nada permite el poder adivinarlo de antemano, uno o varios sujetos de una raza dada poseen esos caracteres letales, se comprenderá que pueden transmitirlos a sus descendientes, hijos e hijas. Si se recruza juntos, esos descendientes, está claro, sin que haya necesidad de reexplicar las leyes genéticas, que de tiempo en tiempo, al azar de los aparejamientos, habrá recombinación de dos genes recesivos letales, esos que no existían en un solo ejemplar en los padres y que determinarán la muerte del embrión. Cuanto más se prolongue la filiación de los individuos portadores, es decir, cuantos más descendientes se saquen, más se multiplicará la probabilidad de peligro de esas combinaciones mortales entre los acoplamientos de hijos y nietos.

Puesto que la consanguinidad consiste en recruzar entre ellos individuos parientes, al hilo de las generaciones, es evidente que ella puede dar lugar a una proporción apreciable de mortalidades embrionarias, de anomalías o monstruosidades, siendo también gobernadas a veces por genes recesivos. Pero esto a la mera condición patente de que esos factores letales o generadores de anomalías estén presentes en los individuos de base inicial. Esto explica los pareceres contradictorios y las controversias apasionadas entre los aficionados a las palomas: cierto número de entre ellos defendiendo la consanguinidad; otros, en cambio, prometiéndola a las peores hegemonías, con el mismo encarnizamiento. Y todos tienen razón, las posibilidades de suerte residen en la fórmula genética, bien seguro desconocida en el tronco de arranque inicial. Pero me dirán ustedes, ¿por qué entonces no se evitan esos cruces consanguíneos para atenerse a los aparejamientos entre individuos que no sean parientes? Pues bien, porque este método no comporta solamente inconvenientes, pues es también muy rico en posibilidades; es la técnica de selección más rápida para obtener ciertos caracteres. Se comprenderá holgadamente que una pareja dando una fuerte proporción de jóvenes muy bien conformados o de un colorido infrecuente, se tenga muchas más posibilidades de fijar ese carácter cruzando entre ellos los hijos que lo manifiesten. Esto es también válido para el color, dibujos de la pluma, productividad, puesta, nacimientos, rapidez de crecimiento, etc.

Los colombófilos cuidadosos de la mejora de tal o cual carácter de su raza favorita tendrán así un gran interés en utilizar este método, es decir, a cruzar entre ellos los jóvenes que ellos juzgan los más bonitos, o hacer aparejamientos

madres-hijos o padres-hijas. Si por suerte su tronco inicial no posee ninguno o pocos caracteres desfavorables, llegarán rápidamente sin accidente al resultado apetecido. En el caso contrario, tendrán que parar en esta vía de la que aparezcan combinaciones indeseables y buscar en otra familia los individuos que juzguen convenientes y que posean todas las posibilidades -ellos- de no ser portadores de esos mismos genes letales y generadores de anomalías.

Como decíamos anteriormente, al comenzar no se puede tener ninguna certeza en cuanto se refiere a la composición genética del tronco de origen, y a todos los que se quejan de no tener nunca una certeza al respecto, yo les respondería que no existe nada más monótono que la certeza y nada que sea más entusiasmante que la esperanza.
No tengáis más miedo a la consanguinidad, pero aprender a serviros de ella.

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